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(En) Trópicos, 2020/2021
Desde mi ventana no veo el horizonte. El sol se va y no me entero. La luna se tiembla en el cristal de enfrente. Los días se repiten. Hace unos meses vivimos un momento atípico. El tiempo estriado, organizado, atareado, se desliza. Se disminuye nuestro espacio. La falta de tiempo nos agobiaba, ahora, el exceso, nos asombra.
El paisaje cotidiano se restringe a la geometría de nuestras ventanas. Era por ahí que, la luz entraba, pero, en poco tiempo, sus rastros y sombras se desvanecían. Vivir en un espacio-tiempo dilatado nos pedía un ejercicio de calma y reinvención. Los ruidos de la calle guardaban un gran hueco para el silencio. Un gesto introspectivo, un nuevo horizonte, donde nos acercábamos más a nuestra imaginación. La perplejidad del cambio, un grito inaudito nos preguntaba: “¿y ahora qué?”. Caminar en espacios cortos para, poco a poco, vislumbrar nuevos escenarios.
Baptiste utiliza ese panorama distópico para crear otro amanecer, una nueva aurora. La construcción de estas pinturas nace de una necesidad de renovación del paisaje, de un anhelo por la naturaleza olvidada. Ir a su re-encuentro, re-habitarla. Ver los colores del prisma del agua penetrado por el sol. Es ahí donde, como en el ideal Leon Battista Alberti, en De Pictura (1436), se abren las ventanas de Baptiste a un mundo inaccesible en aquellos momentos. Nuevas perspectivas que apuntan hacia un viaje, una búsqueda.
El estímulo para esa simbiosis con la natura, Baptiste, lo encuentra en el relato del antropólogo Claude Lévi-Strauss.
En 1935, Lévi-Strauss va en busca de un Brasil genuino, puro, dotado de una energía «salvaje», de una naturaleza singular. En «Tristes Trópico», movido por un sentimiento de libertad, embarca en un navío para un viaje de 19 días. Describe con minuciosa belleza la puesta del sol, las costas brasileñas, la inquietud del compañero de viaje: el surrealista André Breton. Se adentra en la Bahía de Guanabara en Río de Janeiro, pero no le sorprende. En la música “Estrangeiro”, Caetano Veloso recuerda el episodio. —
Ya en Sao Paulo, donde es invitado a la docencia en la Universidad (USP), Lévi-Strauss se espanta con la dinámica de la ciudad. Con su crecimiento vertiginoso que, con el tamaño de su país, ya no habían indicios de población indígena.
Lévi-Strauss, acompañado por su mujer Dinah Dreyfus y por el poeta Modernista, Mário de Andrade, se adentra en el país profundo, con una investigación etnográfica sobre las comunidades indígenas. El antropólogo, relataba con cariño y precisión lo que veía, tenía una expectativa del viaje que se cumplió parcialmente. Presenta cierta angustia en un fragmento del relato que, con rasgos de profecía, dice: «de aquí a unos cientos de años, en este mismo lugar, otro viajero tan desesperado como yo llorará la desaparición de lo que yo hubiera podido ver y no he visto».
Valerse del viajero cómo quien traza una linea imaginaria en el tiempo, un camino, un movimiento. Qué atraviesa y es atravesado por los encuentros.
El viaje también se paga con el cuerpo. Hay cuerpos que se tiran al mar sin saber si volverán. La inmigración delata un aspecto menos aventurero y más de sacrificio por un derecho a la vida. Baptiste, en su trayectoria, simboliza el viajero que lucha, en condiciones precarias para encontrar un lugar.
En ese sentido, el artista apunta su mirada como una denuncia contra una Europa deshumanizada, individualista, que abandona a la deriva esos otros cuerpos. La formación de una sociedad colonialista fundamentada en sus políticas de la indiferencia, que decide quién debe o no morir.
Desorden de un sistema, giro, cambio, transformación, energía, perdida, caos…La pluralidad del concepto de entropía nos recuerda para una desarmonía que va de encuentro con nuestro presente. Como Lévi-Strauss sentenciaba, en los años 30, que en vez de antropología deberíamos llamar de entropología.
En (EN)TRÓPICOS, el artista, como un viajero, hace un recorrido para encontrar un lugar vital. Quizá esas especies no existan, quizá esos paisajes idílicos nunca existieron. Por la ventana que nos abre Baptiste se cuela el aire que, hoy, no podemos respirar. Nos ofrece una utopía, nos regala con sus gestos un nuevo paradigma. Una ecología (re)inventada.
(Texto de Caio Cardial, comisario)
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